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La luz masonica

¿Qué es la Luz Masónica? Muchos entran por las puertas de la Francmasonería y son iniciados desde Aprendiz hasta Maestro. Cada hombre se convierte en un masón por su propia razón. Algunos buscan la luz en la Masonería mientras que otros buscan la fraternidad y otros la curiosidad de saber que pasa dentro de una logia. Todos tenemos una razón, y todas son válidas, pero será la misma logia la que te lleve a encontrar el verdadero camino, el secreto masónico.

Aquellos que buscan la luz y no la encuentran generalmente se vuelven inactivos en sus logias o se detienen completamente, pero no es que no la encuentren, sino que no tuvieron la paciencia adecuada, todo tiene su tiempo y la paciencia, la constancia y el trabajo serán tus herramientas fundamentales para que encuentres la sabiduría.

Toma tiempo para que un masón comprenda las palabras que se hablan. Pero después de un tiempo verás encontrarás en las liturgias y en el ritual otro sentido, el verdadero significado. La próxima vez que asistas a una iniciación o a una tenida, escucha atentamente todo lo que oyes. Todo está verdaderamente bañado en luz para aquellos que tienen ojos para ver y oídos para oír.

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La virtud resplandece en las desgracias

Para el masón la práctica de la virtud ética e intelectual es muy importante dándose así las cuatro virtudes cardinales; prudencia, templanza, fortaleza y justicia.

Ser prudentes, es actuar con la razón, saber cómo expresar nuestras emociones y sentimientos sin abandonar nuestros principios y virtudes, de igual forma la prudencia nos permite saber en qué momento hablar y en cual hacer silencio, en modo de reflexión y discreción.

La Templanza, así mismo que la prudencia se sujeta de la razón, indicándonos lo moderados que debemos ser con respecto a nuestro comportamiento y la virtud que nos enseña cuáles son nuestras necesidades reales alineándose a nuestro bienestar y desarrollo; un masón es un hombre sobrio y moderado, no hay lujo o bien creado que le cause atracción ni inquietud, desde la sobriedad evitamos los excesos como las carencias.

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La tercera de las virtudes es la fortaleza que se apoya en la prudencia, templanza y perseverancia, nosotros los masones debemos ser fuertes, saber que nuestra fortaleza nos ayuda para tener energía para iniciar día a día con nuestras tareas y así mismo enfrentar dificultades.

Y por último la justicia; no se trata de juzgar apresuradamente sin saber realmente las intensiones y motivaciones de cada quien ya sean que sus actos sean buenos o malos, sin embargo nosotros los masones hacemos parte de esta sociedad y debemos reaccionar ante los actos injustos con prudencia, fortaleza y templanza.

Saliéndonos de términos y viendo mas allá de lo escrito las virtudes masónicas o cardinales las podemos ver en personajes de la literatura, así como los compañeros de viajes e la historia del MARAVILLOSO MAGO DE OZ, Dorothy Gale, el espantapájaros con la cabeza de paja, un hombre del bosque de hojalata sin corazón, y un león cobarde al que le falta el valor para atacar. Juntos emprenden el viaje a la ciudad Esmeralda y en él se dan cuenta que aquello que aparentemente les suele faltar es lo que los lleva a superar cada una de las dificultades del viaje; el espantapájaros tiene paja en lugar de cerebro, y por esto parece incapaz de pensar, o de ser prudente en la acción, sin embargo es el compañero a quien se le ocurre la acción más sabia en medio de cualquier peligro y aunque anhela el fuego del intelecto, “la luz de la razón”, la única cosa que le aterroriza es el fuego, que puede consumir su paja; el hombre del bosque de hojalata, no tiene corazón y seguramente no puede sentir ninguna emoción, pero, es tan sensible emocionalmente que por culpa de sus lagrimas pierde sus extremidades dejándolo inmovilizado; el león cobarde, que le teme a toda criatura terrestre es el que con su fuerza y valor logra salvar a todos de los peligros físicos, por ultimo y siendo el personaje más importante de la obra Dorothy Gale, es quien en busca de la verdad y la justicia emprende el viaje a la Ciudad de la Esmeralda y llega a juzgar al mago de Oz y les demuestra a sus compañeros que aquello que creían faltarles eran las virtudes que los llevaron a su final.

El espantapájaros demostró su prudencia de mente y sabias acciones, el hombre de hojalata, con su templanza de sentimientos, el león cobarde con su fortaleza en las acciones y Dorothy Gale la justicia con su capacidad de apreciar y reconocer la verdad.

La masonería conoce que el hombre no es invulnerable a las tentaciones y debilidades, pero, así mismo conoce que la perseverancia del espíritu se convierte en eficaz baluarte la virtud.

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El progreso masonico

El propósito de la sociedad masónica es el progreso

La Masonería, es una sociedad secreta y Hermética, que enseña a sus miembros los principios de la ciencia secreta y la moral que la conlleva. Los rituales y ceremonias de la Orden merecen una buena dosis de atención y estudio. Examinando los Textos cuidadosamente, son toda la enseñanza contenida ahí, el ideal de los rituales se puede resumir en una sola ecuación. Si nos fijamos en una sola idea que se enfatice persistentemente por encima de las demás desde el principio. Dicha idea es la encerrada en la palabra LUZ. -
El propósito de la sociedad masónica es el progreso individual y colectivo de los hombres. Solo hombres libres y de buenas costumbres ingresan a la masonería No existen motivos reales para no ser aceptado. Algunas Logias te piden creer en Dios. Adquieres un compromiso para contigo mismo, el compromiso de ser mejor hombre ante la sociedad. La masonería no busca el poder político, ni busca asociarse con políticos ni poderosos. Existe una unión fraternal entre todos los masones del mundo. -
ARTES LIBERALES En la Edad Media, las artes liberales representaban la integralidad del conocimiento que todo hombre debía dominar. Se ordenaban en dos clasificaciones: Trivium y Quadrivium. El primero era la Ciencia Ternaria de las Voces, comprendía la Gramática, la Lógica y la Retórica; el segundo, era la ciencia cuaternaria y terrestre de las cosas, englobaba la Aritmética, la Música, la Geometría y la Astronomía. Los tres primeros peldaños de la escala iniciática en estas artes, se relacionan con la palabra (el Verbo), son la expresión del pensamiento, lenguaje interior, mudo, que precede siempre a la lengua demostrativa. Este atributo humano, el más noble de todos, nos eleva al más alto rango de la escala de los seres vivos, es el verdadero lenguaje intelectual, universal, único en esencia, invariable.

Desarrollándose a través del estudio, de la reflexión, el razonamiento y la comparación, eleva al espíritu a las más altas concepciones. La Aritmética es la ciencia de los números, gracias a ella el hombre llega a reconocer la noción del infinito y a comprender la Unidad. La Geometría tiene por objeto medir las superficies de todo lo que existe en la tierra y las relaciones que de ellas se derivan. La Música es la ciencia de los sonidos, que por medio de la melodía, la armonía y el ritmo nos recuerda la perfección, la paz y el orden que se sobreponen al caos del ruido, de la crisis de los elementos. La Astronomía por su descubrimiento de los enigmas del espacio nos inicia en el conocimiento de la Esfera Celeste, Ley que afirma la unión existente entre las diversas manifestaciones de la naturaleza visible y de la naturaleza espiritual.
AFORISMOS MASONICOS Entre más se incursiona en la literatura masónica más luces se descubren en el arte de hacer el bien y evitar el mal, en el conocimiento y práctica de la verdad y en la marginación de la falsedad y el odio. Cada vez nos convencemos más de que nuestra Institución es una escuela de convivencia donde se practica la verdad y se trata de servirse los unos a los otros bajo la bandera de la igualdad. Y que conste: tenemos que concluir con Benito Juárez en su concepto de “que la masonería no es una religión, pero sí cuna de todas, ya que se acepta a toda persona sin distinción de razas ni credos” Y quizá convenga repetir con Víctor Hugo: “A pesar de mi insignificancia, reconozco que Dios está en mí

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Por lo que hace al Derecho Humano que nace considerando ya totalmente superadas las Constituciones de Anderson (no podría ser de otra manera en una Orden que se crea para que la mujer tenga el sitio que aquellas le negaron durante más de cien años e incluso en la actualidad) y con una clara vocación laica y una total apertura a creyentes en todas sus manifestaciones, agnósticos y ateos, la cuestión se dirime mediante la utilización de dos fórmulas posibles en la apertura y cierre de los trabajos: a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo y al Progreso de la Humanidad o, simplemente, Al Progreso de la Humanidad.

Parece claro que la cuestión del GADU puede ser interpretado de múltiples y diversas maneras que van desde aquella que considera a este como la denominación masónica de Dios, el dios de los cristianos en todas sus acepciones, de los judíos o de los mahometanos, hasta para quienes el acrónimo representa la fuerza creadora, divinidades más o menos formales, concepciones teistas y cualquier otra manifestación que lleve implícita la trascendencia. En cualquier caso y si nos atenemos al significado que históricamente tiene, es claro que el término se entiende como una referencia a la divinidad sea esta cual sea lo que, indudablemente, produce un claro rechazo en todos aquellos que se sienten identificados con creencia alguna o que consideran que esta es una cuestión estrictamente privada que no tiene porque contaminar en modo alguno la actividad pública, aunque sea en círculos tan restringidos como es el del taller masónico.

Sería bueno que la masonería procurase utilizar aquellas fórmulas en las que todos nos vemos representados con el fin de procurar, no ya la felicidad del mayor número posible de sus miembros, si no la necesaria armonía que lleve nuestros trabajos en alas de la paz y la concordia.

Podría ser conveniente remontarse a los orígenes de la masonería especulativa, allá por 1723, para centrar un poco la cuestión y así, podemosobservar como las Constituciones de Anderson en su primera redacción dicen:

“Un Masón está obligado por su título a obedecer la Ley moral y si comprende bien el Arte, no será jamás un ateo estúpido, ni un libertino irreligioso. Sin embargo, en los tiempos antiguos los Masones fueron inducidos en cada país a pertenecer a la religión de ese País o de aquella Nación, cualquiera fuese, no obstante, se le considera ahora como aceptable de someterlo a la Religión que todos los hombres aceptan, dejando a cada uno su particular opinión, y que consiste en ser hombres buenos y leales u hombres de honor y de probidad, cualesquiera fuesen las denominaciones o creencias que pudiesen distinguirlos; de este modo, la Masonería deviene el centro de unión y el medio de anudar una verdadera amistad entre personas que hubiesen debido permanecer perpetuamente alejadas entre sí.”

Este texto fue enmendado en dos ocasiones en 1728 y en 1813 con el fin de adecuarlo a las posiciones defendidas por la Gran Logia Unida de Inglaterra (GLUI) haciéndolo, curiosamente, cada vez más restrictivo hasta el extremo de que su última redacción quedó como sigue:

“En lo que respecta a Dios y la Religión: un masón está obligado, por su título, a obedecer la ley moral y si comprende bien el Arte, él no será jamás un ateo estúpido ni un libertino irreligioso. De todos los hombres, él debe comprender mejor que Dios ve de otra manera que el hombre, pues el hombre ve la apariencia externa, en tanto que Dios ve el corazón. Un masón está, en consecuencia, restringido a no actuar nunca en contra de los mandatos de su conciencia. Cualquiera sea la religión del hombre o su manera de adorar, no está excluido del Orden, considerando que él cree en el glorioso arquitecto del cielo y de la tierra y que él practica los deberes sagrados de la moral. Los masones se unen a los hombres virtuosos de todas las creencias en el lazo sólido y agradable del amor fraternal, que les enseña a ver los errores de la humanidad con compasión y a esforzarse por la pureza de su propia conducta, de demostrar la alta superioridad de la fe particular que ellos profesen”.

Como se puede observar en esta última redacción aparece, claramente restrictiva con respecto a la redacción original, por primera vez la referencia al GADU bajo la cita … el glorioso arquitecto del cielo y de la tierra…..”. Casi cien años de vida masónica especulativa no habían servido más que para que la intransigencia se enseñorease de las LL:. bajo la cúpula de la GLUI lo que habría de llevar a la ruptura con las obediencias continentales tras el rechazo a la exigencia de creer en un ser superior por parte, primero, del Gran Oriente Belga (GOB) y, después, del Gran Oriente de Francia(GOF).

Por lo que hace al Derecho Humano que nace considerando ya totalmente superadas las Constituciones de Anderson (no podría ser de otra manera en una Orden que se crea para que la mujer tenga el sitio que aquellas le negaron durante más de cien años e incluso en la actualidad) y con una clara vocación laica y una total apertura a creyentes en todas sus manifestaciones, agnósticos y ateos, la cuestión se dirime mediante la utilización de dos fórmulas posibles en la apertura y cierre de los trabajos: a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo y al Progreso de la Humanidad o, simplemente, Al Progreso de la Humanidad.

Parece claro que la cuestión del GADU puede ser interpretado de múltiples y diversas maneras que van desde aquella que considera a este como la denominación masónica de Dios, el dios de los cristianos en todas sus acepciones, de los judíos o de los mahometanos, hasta para quienes el acrónimo representa la fuerza creadora, divinidades más o menos formales, concepciones teistas y cualquier otra manifestación que lleve implícita la trascendencia. En cualquier caso y si nos atenemos al significado que históricamente tiene, es claro que el término se entiende como una referencia a la divinidad sea esta cual sea lo que, indudablemente, produce un claro rechazo en todos aquellos que se sienten identificados con creencia alguna o que consideran que esta es una cuestión estrictamente privada que no tiene porque contaminar en modo alguno la actividad pública, aunque sea en círculos tan restringidos como es el del taller masónico.

Sería bueno que la masonería procurase utilizar aquellas fórmulas en las que todos nos vemos representados con el fin de procurar, no ya la felicidad del mayor número posible de sus miembros, si no la necesaria armonía que lleve nuestros trabajos en alas de la paz y la concordia.

como se ingresa a la masoneria

como se ingresa a la masoneria

La masonería es la fraternidad mas grande del mundo. A pesar de tantas tonterías que se dicen sin saber sin conocer que es la masonería, el ingreso a la orden es muy fácil y deberás reunir una serie de requisitos que hablaremos mas abajo.

como se ingresa a la masoneria:

1: Lo primero que debes saber, que a la orden ingresan hombres libres y de buenas costumbres, esto significa que debes ser una persona sin mala reputación a nivel social.

2: Tener un trabajo. La masonería acepta a todos los trabajadores, es mentira que tienes que ser millonario o tener un gran trabajo para ingresar. Co tal que te alcance para mantener a tu familia y puedas pagar las cápitas (no varía mucho de lo que puede salir cualquier gimnasio) ya eres apto para entrar a la orden

3:  Tener interés. En las logias van a analizar que tanto interés tengas para el estudio de la masonería y temas afines. Si ven que solo es para curiosiar y no ven en ti un interés real, lo pondrán en duda. Lo importante es que tengas ganas de progresar como persona y tener deseos de conocimientos de toda índole.

4: Ser mayor de edad. Depende del pais de donde residasla mayoría de edad o las costumbres de cada logia pueden varias. Si tienes mas de 25 años practicamente te aceptarán en todas las logias. En algunos paises puede aceptarte si tienes 21 años cumplidos.

5: Creer en Diós. Este es el mas importante de todos. Debes creer e un ser supremo creador de todo el universo. La masonería acepta a hombres de todas las religiones, no hace preferencia ni descarta ninguna. Asi que si no crees en Dios, tu ingreso a la masonería será descartado.

Estos 5 puntos so fundamentales y reunen las condiciones para saber como se ingresa a la masoneria. En donde si ingresas, tu vida será mejor y cambiará por completo.

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paracelso

Los secretos de la alquimia de Paracelso

Un médico alquimista por Gustav Jung

El aspecto que vamos a abordar de Paracelso será su faceta alquimista. “Paracelso es también, además de otras cosas, y tal vez más profundamente, un ‘filósofo alquimista’, cuya concepción religiosa del mundo, está en oposición al pensamiento y la fe cristiana. Él fue inconsciente de esta oposición, que es para nosotros casi inextricable”, resume Jung en su prólogo al abordar su Opera omnia, formada por 2.600 folios y editada en 1616. Jung ve en el viajero incansable y médico altruista que fue Paracelso a un precursor de la medicina química, así como de la psicología empírica y de la terapéutica psicológica.

A Paracelso “se le puede caracterizar como un crisol alquímico en el que hombres, dioses y demonios de aquella época exorbitante de la primera mitad del siglo XVI, han vertido cada uno de por sí su savia individual”, sintetiza Jung, a la par que asegura que la segunda parte del Fausto de Goethe (obra alquimista, en opinión de Jung) presenta “algunas vigorosas sugestiones del espíritu paracélsico”. Su discípulo más importante fue el alquimista y médico alemán, Gerhart Dorn (Gerardus Dorneus).

Como médico y alquimista otorgaba gran importancia al orden cósmico tradicional de la astrología; orden en el que existe un entrelazo espiritual y físico entre el macrocosmos y el microcosmos, identificándose a éste con el ser humano: “Pues el cielo es el hombre y el hombre es el cielo, y todos los hombres un cielo y el cielo sólo un hombre”. Éste último era denominado por Paracelso como “hombre grande”, “Adech” o “Archeus”, “Protothoma”, “Idechtrum”…, que no son sino nombres que personifican al concepto hermético del Antrhopos u “hombre primigenio”, que suele tener casi siempre una magnitud cósmica y que, en otras cosmogonías, son Prajapati y Purusha en los Vedas, Gayomard en Irán, Metratón en el Zohar kabalístico.., etc.

Paracelso, en este sentido, insistía en la presencia del Astrum in corpore. He aquí algunas de sus afirmaciones: “El verdadero hombre es el astro en nosotros”, “El astro desea llevar al hombre a una gran sabiduría”, escribió igualmente. La fuerza de la acción del astro en el hombre es la imaginatio (meditación), por la que fluye la influencia del “hombre interior superior”, del Antrhopos, que no es sino el Sí-Mismo de la psicología junguiana..

Paracelso insistía en que el auténtico médico tenía que tener conocimientos alquimistas para diagnosticar y curar. “La alquimia -explica Jung- no es sólo una especulación química tal como la entendemos hoy, sino que es, y en mayor medida, un procedimiento filosófico de transformación, es decir, una especie de Yoga, en cuanto éste apunta a una transformación anímica. Por esta razón los alquimistas han establecido un paralelismo entre la ‘Transmutatio’ y el simbolismo de la transfiguración de la iglesia cristiana” .
La alquimia fue empleada por Paracelso, como hemos dicho, para la farmacognosis y farmacopea, así como para fines filosóficos. Pero ¿qué hay que entender por alquimia? Veamos lo que dice Jung al respecto:

“La alquimia contenía ya desde los más antiguos tiempos una doctrina secreta, o directamente lo era. Las concepciones paganas no desaparecieron de ningún modo por la vistoria del cristianismo bajo Constantino; continuaron vivas en la curiosa terminología arcana y en la filosofía de la alquimia. Su principal figura es Hermes, es decir, Mercurio, en su notable doble significado de mercurio y alma del mundo, acompañado por el sol (el oro) y la luna (la plata). La operación alquímica consiste esencialmente en una separación de la ‘prima materia’, del llamado Caos, en lo activo, es decir, el alma, y lo pasivo, el llamado cuerpo; los cuales volverán a reunirse personificados en una figura, en la llamada ‘coniunctio’, la ‘boda química’; la ‘coniunctio’ es alegorizada como Hieros Gamos, como boda ritual del sol y la luna. De esta unión surge el llamado ‘filius sapientae’ o ‘philosophorum’, ‘Mercurius’ transformado, que como signo de su acabada perfección era pensado como hermafrodita. El ‘opus alchymicum’, a pesar de su aspecto químico, siempre fue pensado como una especie de acción ritual, entendida en el sentido de un ‘opus divinum’; por eso pudo ser presentada por Melchior Cibinensis, al comienzo del siglo XVI, como una misa, ya que mucho antes el ‘filius’ o ‘lapis philosophorum’, había sido concebido como ‘allegoria Christi’. Y es en virtud de esta tradición como se entienden muchas cosas de Paracelso que de otro modo serían incomprensibles”.

“En la alquimia -señala Jung-, la materia es material y espiritual, y el espíritu es, a su vez, espiritual y material”. “En el primer caso la materia es ‘materia cruda,confusa,grossa,crassa, densa’; en el último, al contrario, ‘subtilis’. Así pensaba también Paracelso”.
Paracelso, en su Liber Paragranum, reconocería que por medio de la alquimia el mismo médico “sazona”, o sea madura espiritualmente, pero al mismo tiempo creía en los grandes arcanos de la alquimia: la creación del homúnculo y la transformación de los metales innobles en oro.

La luz de la naturaleza

Un concepto trascendental en la filosofía alquimista paracélsica es el de la “luz de la naturaleza” (“lumen naturae”), concepción que Jung retrotrae a la obra Filosofía Oculta de Agrippa von Nettesheim, en 1510. Agrippa hablaba aquí, en efecto, de la luminositas sensus naturae, que permitía incluso a los animales augurar. Igualmente es un concepto primordial en Meister Eckhart.

Ahora bien, la “luz natural” es, en verdad, una concepción muy antigua en el seno de la alquimia. Se encuentra ya en la Carta de Aristóteles, Tractatus Aureus, Dicta Belini.., y hasta aparece en el más antiguo alquimista chino, Wei-Po-Yang.

“La idea de esta luz -resume Jung- coincide en Paracelso, como en los alquimistas, con el concepto de ‘sapientia’ y ‘scientia’. La luz puede ser caracterizada sin vacilación, como el misterio central de la filosofía de la alquimia. Casi siempre es personificada como ‘filius’, o por lo menos citada como una de las propiedades sobresalientes del mismo”.
Tal luz de la naturaleza proviene del astro: “Nada hay en el hombre que no le sea dado por la luz de la naturaleza y lo que está en la luz de la naturaleza es obra del astro”, aseguraba Paracelso.

Esta luz de la naturaleza es, en la alquimia paracélsica, la quinta essentia que Dios extrajo de los cuatro elementos y que yace “en nuestro corazón”, intuición paracélsica que coincide en este ámbito con el sufismo de Ibn al´ Arabî, en mi opinión. Tal luz la enciende el Espíritu Santo y ella consiste en una especie de “captación intuitiva de las circunstancias, una forma de iluminación”, estima Jung. Su fuente es duplex: mortal e inmortal, y esto es así porque el hombre, según Paracelso, “es también un ángel, con todas sus propiedades”, de ahí que pueda penetrar las cosas sobrenaturales.

La dicotomía espiritual con la que se encontró Paracelso deriva de su cristianismo y paganismo, que intentaba reconciliarlos como médico y como filósofo alquimista. “Hay pues dos sabidurías en este mundo, una eterna y otra mortal. La eterna surge de la luz del Espíritu Santo sin mediación, la otra de la luz de la naturaleza también sin mediación”, afirmaba (p.43). Ambas formas de conocimiento, sin embargo, provienen de la Unidad de Dios, concluye conciliadoramente Paracelso. Y es que él tuvo, en verdad, dos madres: la Iglesia y la Madre Naturaleza (a su madre natural la perdió siendo niño).

“En verdad -aclara Jung- el escepticismo y la rebelión de Paracelso se detienen ante la Iglesia, pero también ante la alquimia, la astrología y la magia, en las que creía tanto como en la revelación sagrada, pues para él estaban dadas por la autoridad del ‘lumen naturae’…” (p.44).
Ahora bien, merced a esta luz natural el alquimista está convencido de que redime a la naturaleza, transfigura al universo como creador, coparticipando por tanto con Dios en la Creación.

“La ‘luz natural del hombre’ o el ‘astro en el hombre’ suena como algo bastante inofensivo, de modo que ninguno de los autores de entonces se percató de la posibilidad conflictiva que acechaba allí. Y sin embargo aquel ‘Lumen’ o aquel ‘filius philosophorum’, eran abiertamente designados como la más grande e invicta de todas las luces; ¡y como ‘Salvator’ y ‘Servator’, eran puestos codo a codo con Cristo! Pero en Cristo es Dios mismo quien se vuelve hombre, mientras que el ‘filius philosophorum’ es extraído de la protomateria por un deseo y un arte humanos, y a través de la Obra (‘Opus’) es convertido en un nuevo portador de la luz. En el primer caso ocurre el milagro de la salvación del hombre por Dios, en el último la salvación, y respectivamente la transfiguración, del universo por el espíritu del hombre -‘Deo concedente’-, como agregaban los autores”, desvela Jung.

Esta luz de la naturaleza se encuentra en lo que Jung denomina Inconsciente Colectivo, especialmente en su ámbito “supraconsciente”, que debido a su caracter “psicoideo” sirve de puente de unión entre la materia y el espíritu. Y en la visión paracélsica tal lumen naturae está relacionada con la Venus magistra, la Aphrodita ourania, la Sophia, que en Paracelso adopta la forma de Melusina.

Melusina

Melusina, ondina mágica del folklore europeo, se encuentra transformada en la secreta doctrina alquimista de Paracelso, quien dice de ella que vive en la sangre, “y como la sangre es el antiquísimo sitio del alma, se puede suponer que en su concepción es un ‘Art anima vegetativa’. En el fondo -concluye Jung- no es más que una variante del ‘spiritus mercuriales’ que en los siglos XIV y XV fue presentado también como un monstruo femenino” (p.18). “Como la ‘serpens mercurialis’ de los alquimistas es designada con frecuencia como ‘virgo’, y presentada bajo la figura de Melusina (ya antes de Paracelso), su capacidad de transformación y su arte de curar es de mucha importancia, en cuanto que precisamente estas particularidades, son atribuidas con especial énfasis a Mercurio. Por el contrario, Mercurio es presentado también en la figura del anciano Hermes (Trimegistos) con lo que se hace visible que en la fenomenología simbólica de Mercurio confluyen dos arquetipos extraordinariamente repetidos, a saber, el del Anima y el del Anciano Sabio”.

En la terminología junguiana, Melusina es una variante simbólica del arquetipo del Anima y Paracelso no la concretiza en una soror mystique real, sino en una figura de la imaginatio.

“Las historias de Melusina son imágenes engañosas de la fantasís, en las que se mezcla el más alto sentido y el más funesto absurdo, un velo de la Maga que atgrae a los mortales en todos los laberintos de la vida. De estas imágenes extrae el sabio las ‘más altas inspiraciones’, es decir, todo lo pleno de Sentido y valor; lo extrae como un proceso de destilación y recoge las exquisitas gotas del ‘liquor Sophiae’ en el recipiente predispuesto de su alma, donde ellas ‘abren una ventana’ a su entendimiento, es decir, lo iluminan. Por eso alude Paracelso a un proceso de separación y discriminación, a un proceso crítico de juicio, que separa el grano de la paja -una parte imprescindible en la contraposición con el inconsciente (…) Melusina, la Shakti engañadora, debe retornar al reino de las aguas, debe hacer prosperar la Obra hacia su meta. No debe enfrentar ya al Adepto con gestos cautivantes, sino que debe llegar a ser lo que siempre fue: parte de una Totalidad. Como tal debe abrazar su espíritu. Con esto se obtiene aquella reunión de conciencia e inconsciente, que inconscientemente ya existía, pero que era siempre negada por la unilateralidad de la conciencia. De esta unión, nace aquella Totalidad, que la filosofía o el conocimiento introspectivo de todas las regiones y épocas ha designado con símbolos, nombres y conceptocs, cuya multiplicidad es inagotable. Estos mil nombres disimulan el hecho de que en esta ‘coniunctio’ no se trata de algo captable discursivamente, sino de una vivencia absolutamente irreproducible, a cuya naturaleza pertenece un sentimiento de eternidad o atemporalidad irrevocables”, ratifica Jung.

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